SOY DE kAPIKUA

10640984_1499120220341638_4311782135902292465_nAmigos y por fin sale el sol.
Es verdad que todas las mañanas vuelve a salir, pero hay veces que cuesta tanto volver a verle.
Febrero por fin se fue, un mes no bueno en el que hemos perdido grandes amigos de lucha, auténticos guerreros que decidieron partir demasiado pronto y es que necesitaban nuevos ángeles en el cielo para que continúen iluminando.
Un mes en el que los virus nos han tocado demasiado y nos han mermado, pero ya vencidos volvemos a resurgir como el ave Fénix.
Un mes en el que celebramos el día Internacional del Síndrome de Angelman en el que todos me acompañasteis y más de quince mil personas visitaron y compartieron mi página y también celebramos el día de las enfermedades raras, día que no debería existir ya que todas las enfermedades deberían ser estudiadas y controladas, aunque esto no deja de ser una utopía
Pero sin duda lo mejor fue acabar este mes, y por fin irme con mis amigos de Kapikúa, y es que en el último fin de semana iba a ser un autentico Kapikúa.
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Mama y papa decidieron que era hora de que al menos un fin de semana dejará de trabajar y me lo pasará en grande.
Por fin me iba con mis amigos a una granja escuela a pasar un autentico fin de semana de risas y juegos, de estar con animales y de sentirme como un niño más sin perjuicios y entre gente que nos ve como iguales, porque sí amigos aunque no soy yo quien lo debo decir porque tan solo recibo cariño, todavía existen auténticos perjuicios y barreras sociales que deben acabar.
Iba a salir de casa, dormir fuera, como un soldado cuando pasa su primera novatada para pertenecer a ese cuerpo especial.
Así me sentí yo y mi novatada consistió en bailar, en reír y en no parar de jugar.
Mama no quería y se sentía fatal y me costo mucho convencerla aunque tuve ayuda, mis amigos voluntarios que tanto y tanto me quieren.
Por fin entendió que tenía que dejar de pensar de manera egoísta solamente pensando en mí y tenía que abrirse pensar en lo mucho que me iva a motivar esa experiencia nueva, lo segura que estaba delo bien que me iban a cuidar y sobre todo pensar que no dejo de ser un niño más que no para de trabajar y necesita tener su recompensa.
Me lo pase en grande amigos, tanto que la noche del domingo desapareció el insomnio, y por fin entendí y supe por primera vez lo que significa la expresión “dormir como un tronco”.
Sería muy injusto no agradecer públicamente la labor que hacen todos los componentes de la Asociación Kapikúa, mis monitores, mis voluntarios con apenas una veintena de años como deciden apostar por todos nosotros niños especiales, cargando en su maleta no solo sus pertenencias sino la responsabilidad de cuidarnos, de darnos de comer, de asearnos de darnos nuestras medicinas y de velar por todos nosotros.
De no descansar por velar nuestros sueños y sobre todo amigos de encargarse de tratarnos de igual a igual.
Es tanto el cariño que nos demuestran que aunque no se lo puedo expresar salgo corriendo en busca de sus abrazos que se nunca nos van a faltar.
Dani, Rebeca, Cristina, Noemí, Erick, Celia y seguro que me dejo alguno con la emoción, gracias por ser como sois, por entregar tanto a cambio de una simple sonrisa nuestra o de un abrazo.
Yo ya soy de KapiKúa 1475871_1514920732094920_8992990063772822452_n10999973_1546861568900836_1540766326129378363_n